“Busto por busto, himno por himno”

“En la venganza, como en el amor, es más bárbara la mujer que el hombre”. Como pensara hará un par de siglos nuestro querido, y siempre conspirativo contra la cultura europea, Friedrich Nietzsche. Contra la europea no sé, pero contra la española hay más de un querido Friedrich; y bárbaras, vengativamente hablando, tenemos nuestra excelentísima señora alcaldesa que se dedica a cortar cabezas en el Villamarta como solución a los problemas de nuestra ciudad. Ay, Pemán.

Carolina Marín

Como si de un best-seller de baja calidad se tratara, la historia ha dado un giro de tuerca a todo este entramado de bustos retirados. Resulta que después de que nuestra paisana andaluza, Carolina Marín, se haya puesto a la altura de las asiáticas en este deporte emergente que es el bádminton, un himno con letra de Pemán -con posteriores retoques en la etapa franquista- sonó en el podio, apartando en las portadas de los medios “progresistas” la hazaña de nuestra onubense ejemplar. Pemán sigue presente, y se ha manifestado dando un golpe sobre el altavoz con la letra que de su puño escribiera allá por 1928, cuando Franco aún andaba por África. Cuanta incultura. En esta ocasión rememorando a Goethe, “la venganza más cruel es el desprecio de toda venganza posible”. Por ello, aunque hayamos tenido que enfrentarnos a los comentarios indignos de los Nietzsches de la cultura española, despotricando y mostrando júbilo ante los tristes hechos que han acaecido a Rivera Ordóñez y Jiménez Fortes en estos últimos días, nuestra más digna y profunda venganza fue que en algo menos de tres cuartas partes se llenó el coso de Illumbe en la era post-Bildu, en la que ha vuelto la libertad y la democracia. Tres cuartas partes de aficionados, que aplaudieron fuertemente la vuelta de los toros a las Vascongadas y hasta tres millones de espectadores vía las pantallas de sus televisores desde los hogares españoles, mostrando el mayor share en la cadena nacional en esa franja horaria. Y que nos vendan los Nietzsches, que la tauromaquia se está degenerando. “Aro, joe”. 

El quid de la cuestión no es que la fiesta esté degenerando, es que algunos degenerados pretenden la prohibición en un país democrático.