“Pedro Sánchez, el peor entrenador de baloncesto del mundo”

Pedro Sánchez, supuesto líder del PSOE, fue jugador de baloncesto. Como yo. Probablemente malo. Como yo. De hecho, se dedica a la política. Creo que él ha aprendido menos de este deporte que yo. De los valores del baloncesto, que en definitiva son valores de la vida. La política forma parte de la vida.

El pasado domingo Pedro Sánchez se lanzó al ruedo electoral en el mayor santuario español de del baloncesto. El Magariños. Pabellón donde jugaba Estudiantes. En cuyas gradas se forjó la mejor afición al deporte de la canasta. La Demencia, la madre de la ciencia. Pista en la que se formaron estrellas como el añorado Fernando Martín, Alberto Herreros, Nacho Azofra, Orenga o, entre otros muchos, Alfonso Reyes y dejaron profunda huella americanos como John Pinone.

La elección del Magariños fue justificada por el PSOE por ser el lugar donde Pedro Sánchez aprendió los valores del baloncesto. Aunque, yo creo, que se fueron al Ramiro de Maeztu por ser un pabellón pequeñito. En otra cancha, habrían estado en familia. De hecho, casi lo estaban. Cuatro mil asistentes, imposible. No caben.

El PSOE y su líder alardearon de valores. Fue postureo. Les explicaré por qué. Pedro Sánchez sería como un entrenador de baloncesto, que alecciona a sus jugadores – militantes y cargos orgánicos – para ganar el próximo partido, las Elecciones Generales.

Pedro Sánchez - Estudiantes

En los partidos de baloncesto ganan los equipos que anotan más puntos, hacen menos faltas, pierden menos balones y cogen más rebotes. No existe el empate. Sólo hay un triunfador. Da igual ganar por 1 que por 30. La victoria es de quien la consigue. El partido empieza y termina 40 minutos después. Los puntos que se anotan después de la bocina no valen. No se suman.

Los valores del deporte determinan que para conseguir una victoria hay que ser el mejor. Y, para eso, hay que entrenar. Esforzarse día a día. Respetar las reglas. Demostrar que la afición puede confiar en el equipo. Y, para ello, es fundamental la labor del entrenador. De Pedro Sánchez. No se admiten las trampas.

Cuando los equipos saltan a la cancha, se supone que ponen práctica el juego limpio. Nada de codazos. Ni golpes bajos. Eso sería lo normal, aunque no lo parece en el PSOE. Si te pillan los árbitros, los equipos tienen castigo. Los jugadores pueden ser expulsados. También el entrenador.

Pedro Sánchez se presenta a las Elecciones Generales a sabiendas de que difícilmente ganará el partido.  Lo dicen todas las encuestas. No conseguirá los puntos en forma de votos suficientes para vencer y formar gobierno. Su táctica no es otra que recurrir a las trampas. A los golpes bajos. Al engaño a la afición. Ya lo está haciendo.

Dice el líder del PSOE que sale a ganar, pero ya busca aliados para lograr el triunfo. Es como si un equipo que pierde por 20 puntos le pide a otro rival de la competición 21 puntos prestados para sumar más que el contrincante. No tendría lógica. Lo impiden los valores del deporte y el sentido común. Aunque, por desgracia, lo permite el sistema competitivo.

Es decir, que el PSOE de Pedro Sánchez ya ha empezado a mendigar un pacto para gobernar España. Le da lo mismo pactar con Ciudadanos, con Podemos o con el Ratoncito Pérez. Lo que quieren es triunfar con trampas. Eso no son valores del baloncesto. Ni del deporte. Tampoco de la vida.

Pablo-Iglesias--Albert-Rivera-y-Pedro-Sanchez-

Sánchez debería analizar por qué su equipo tiene todas las posibilidades de perder el partido de las Elecciones Generales. Y como hombre de baloncesto que he sido,  y sigo siendo, creo que el equipo del PSOE tiene varios problemas. No tiene buenos jugadores. Ni un equipo equilibrado. Ni estilo.

Ayer mismo, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría le dio un auténtico baño parlamentario al número 2 socialista, Antonio Hernando, que vergonzosamente tuvo que esconderse en su escaño. Le falta nivel. Así no se puede competir.

Pedro Sánchez ha fichado de urgencia para no se sabe muy bien qué. Sólo los malos entrenadores no miman a sus jugadores y recurren al mercado para hacerse con los servicios de gente – también llamados mercenarios – que casi siempre no mejoran lo que ya está en plantilla.

Tampoco tiene estrategia ni táctica. Juega de una forma en Andalucía, de otra en Baleares, de manera distinta en Extremadura y justo la contraria en Cataluña. No hay quien lo entienda. Es más, dudo que Pedro Sánchez se entere.

La única opción del PSOE es gobernar España perdiendo las elecciones generales y pactando con terceros al precio que sea. Eso no es baloncesto. Tampoco deporte. Es trampa. Cosa de malos equipos y peores entrenadores. Con lo que ha sido el PSOE y lo bajo que ha caído.