Adiós a Limeño

El torero sanluqueño ha fallecido tras larga enfermedad

El sábado, a las 11 de la mañana, en la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Caridad Coronada, de Sanlúcar de Barrameda, se iniciaba la misa para dar el último adiós al gran torero José Martínez Ahumada ‘Limeño’, fallecido tras una larga enfermedad.

La basílica se quedó pequeña para albergar el sepelio en que despedíamos a una gran figura pero sobre todo a una gran persona. No se cabía en la iglesia y en los alrededores se congregaron muchas personas que querían despedir a un buen sanluqueño. La misa fue oficiada por el párroco Juan Jacinto del Castillo, párroco del templo a donde José solía ir a rezar a la patrona de la Caridad. Don Juan analizó la figura del torero y terminó diciendo que “otra puerta grande le espera en el Cielo”. Limeño fue siempre un hombre muy religioso; solía decir que el único libro que leía era el de los Evangelios y que llevaba siempre un ejemplar en el coche y tenía otro en la mesilla de noche.12391318_1737608363126732_4706831366196401816_n

Si le acompañó una gran cantidad de amigos  paisanos, desde luego quien no le faltó fue el mundo del toro, y en especial los toreros sanluqueños, de los que él era el decano. Allí estaban los matadores ya retirados Paco Ojeda y José Luis Parada (venidos de fuera, pues no residen normalmente en la localidad), Julio Vega Marismeño y Juan Montiel, el antiguo banderillero y hoy empresario Carmelo y los novilleros Álvaro Sanlúcar y Eloy Hilario. La representación taurina fue más amplia, proporcional al afecto que despertaba Limeño por donde iba. No faltó, desde luego, Luis Parra Jerezano, en cuyo homenaje ocupó presidencia el finado. Tampoco José Luis Galloso, en cuya peña de El Puerto recibió José su último homenaje en vida. Ni otros toreros provinciales, como Adolfo Ávila El Paquiro, Francisco Ruiz Miguel, Francisco Núñez Currillo, Juan José Padilla; ni toreros de fuera de la provincia como Tomás Campuzano. El rejoneador Fermín Bohórquez, recientemente retirado, y ganaderos como Álvaro Domecq, Antonio Miura o José García Cebada, quisieron también dar acompañamiento. Antonio González Sabio y Álvaro Montes representaron a los subalternos. Los empresarios estaban asimismo a través de Santiago López y Simón Casas; éste formó con Limeño la empresa “LimeCasas”. Eduardo Ordóñez llevó las escuelas taurinas y Jerónimo Roldán, el periodismo. Las instituciones estaban a través del alcalde de la ciudad y del subdelegado del Gobierno. Tampoco pudieron faltar Antonio Ruiz, veterinario, o los miembros de las peñas taurinas, entre ellos Antonio Montaño, que fue un impulsor de la comisión que organizó el homenaje de la ciudad cuando los Cincuenta Años de la alternativa de José Limeño; ya en los Veinticinco se le hizo un monumento.12369145_1737608379793397_6864068400474428290_n

La alternativa la tomó nuestro protagonista (con veintitrés años) en Sevilla en 1960 de Jaime Ostos, con Curro Romero de testigo, ante toros de Eusebia Galache. Fue confirmada en 1962, ante toros de Pérez de San Fernando, con Diego Puerta de padrino, en Madrid, donde ya había salido por la Puerta Grande como novillero.DSC_0592

Los mayores éxitos los tuvo en Sevilla, donde cosechó cuatro puertas del Príncipe, tres de ellas tras enfrentarse a miuras. Torero sobrio, de técnica y de valor, fue un especialista en la dura divisa de Zahariche, en la cual sólo Padilla y Ruiz Miguel le superan en número de corridas. Consiguió tres Orejas de Oro consecutivas como triunfador del serial abrileño de 1968 a 1970. Su retirada fue silenciosa, acorde a su manera de ser; luego retornó para alternativar a su paisano Mangui y después volvió a sus  paseos por la playa. Ahora se ha retirado definitivamente a otras playas. Él lo habrá querido hacer en silencio. Descanse en paz.