Artículo de Carmen Andrade, Psicóloga y Life Coach profesional en “evoluti-on

Somos el resultado de tantas cosas que nos dijeron que no somos ni conscientes de ellas.

Imaginen un bebé, es perfecto y bello, capaz de expresarse emocionalmente sin reparos, fuerte y poderoso, amor ilimitado hacia sí mismo, y expresándolo así con sus demandas, regalando sonrisas que a la vez devuelven el amor que le ofrecieron.

Todos hemos sido ese bebé en algún momento, hemos ido creciendo y hemos ido aprendiendo un idioma. Comienza de esta manera, la programación de nuestras creencias más profundas sobre nosotros mismos, los otros, y el mundo que nos rodea.

Nuestros padres, hermanos, familiares, vecinos y profesores emiten juicios y sentencias, verdades absolutas que van esculpiendo un sistema de creencias que nos guiará en la aventura de la vida, y será la responsable de todas las experiencias del mañana.

Con el paso del tiempo, nosotros nos convertimos a la vez, en programadores de las creencias de otros. Todos somos el resultado de esta programación y es por ello por lo que ninguno somos culpables de los problemas que nos puedan causar en un futuro.

Si en una escuela religiosa me inculcaron la creencia de que sufrir es un aspecto intrínseco a la vida, me convertiré en una víctima constante sin cuestionar esa creencia absurda que me provoca dolor, me limita y me paraliza.

Si igualmente nos enseñaron que es decisión de otros o de un ente ajeno llamado Dios las experiencias que me ocurrirán en la vida, esa creencia forjará un adulto indefenso ante la vida, incapaz, incompetente, inútil y víctima.

Es necesario comprender de todas nuestras experiencias, ya que nuestra realidad no es más que nuestra propia interpretación de los acontecimientos, provienen de nuestras creencias y pensamientos cotidianos y profundos. Los problemas no tienen una base física, tienen una base mental.

Para producir en nosotros el cambio deseado no debemos actuar de otra manera. Debemos pensar de otra manera. El acto vendrá de manera inconsciente cuando sea el momento.

Debemos analizar nuestras creencias una por una, valorar su efectividad positiva o negativa sobre nosotros y nuestro mundo, para así aceptarlas o cambiarlas por otras que nos hagan fuertes, útiles y poderosos.

El cambio nunca será auténtico cambio sino se produce en la más íntima de nuestras creencias.

Pero,  ¿cómo identificarlas? Tomen papel y lápiz, escriban cinco “debería”, luego responda porqué. Son creencia, quizás no las básicas, pero si nos indicarán hacia donde buscar. Ahora piensa, son positivas o negativas hacia nosotros, nos hacen bien o mal?, que emoción es la que me inunda cuando las pronuncio en voz alta? Ábranse sin complejos al debate de cuestionarse ustedes mismos. Todas nuestras creencias deben ser positivas y verbalizarse en positivo, la emoción que debe inundarnos al pronunciarla debe ser positiva y plena, y tiene que otorgarnos un sentimiento de fuerza y capacidad, de libertad y seguridad a la vez. Las creencias y pensamientos del aquí y ahora esculpen nuestras experiencias del mañana.

Por lo tanto, cada instante, es un instante nuevo para cambiar nuestro futuro. Indaguen, profundicen, pregunten, cuestionen, decidan, escojan aquí y ahora. Prueben con una sola de sus creencias, y observen como cambia todo su mundo. Luego decidan si es el camino de la felicidad.

  • José Antonio marco

    Excelente artículo. Un saludo.