Los cofrades no merecen respeto

Ya está uno acostumbrado, es rutina. Es criticado como todo y me atrevería a decir que es de lo que más críticas recibe por segundo. No es la primera vez y, estoy seguro que tampoco es la última, que leo por redes sociales, como Facebook o Twitter comentarios en contra de la Semana Santa y, en general despreciando al mundo cofrade. Eso sí, ya uno se acostumbra a las críticas, algunas de ellas constructivas pero otras, como esta que escribo a continuación, me recuerda a sucesos ocurridos en España hace ya varios siglos.

Aunque parezca increíble, -pero cierto- me han llegado a decir en persona, cara a cara que para acabar con algunas de las molestias que genera el mundo cofrade “lo que hay que hacer es quemar a la iglesia”. En minúsculas, sí, porque no se refieren a la institución, sino a esa pequeña parroquia de barrio, que aparte de ser un patrimonio artístico, cultural e histórico de nuestra ciudad, es día a día el motor para salir adelante de muchas familias.

Comprensible ese tipo de comentarios, porque cuando sale una procesión de esa iglesia, es muy molesto para los que no les gusta que tengan que “verlas obligados porque pasan por la puerta de mi casa”. Entonces la solución es quemar la iglesia. Todo arreglado. -Nótese el tono sarcástico-.

En el punto que indica que hay demasiadas salidas procesionales a lo largo del año, podría haber cierto consenso entre la persona que pronunció aquellas palabras -por calificarlas de algún modo-, pero de ahí a quemar lo que es el sustento, bien emocional, devocional o vital de las personas -porque las bolsas de caridad de las hermandades y parroquias son los pilares que sustentan a cientos de familias- hay un gran paso.

Viene a resumirse en que a esa persona le molestaba que dos o tres veces al año pasase un paso por su portal, y tiene todo el derecho del mundo a reivindicar lo que ve injusto, que yo no lo niego, pero hay que argumentar, ser racional y no tan radical.

Sería el pronto de la situación tal vez, pero oye, tú que lees, si eres cofrade, no te vayas a quejar cuando hay un partido en el estadio municipal y cortan la calle, o si por ejemplo hay una ‘manifestación’ y te destrozan el mobiliario urbano, o si los ciclistas no cogen por el carril bici y sí por la calle junto a él, por mencionar algunos casos que pueden causar molestias en la ciudadanía. Ni tampoco si te destrozan una alfombra que has hecho con motivo de una celebración como el Corpus, y has estado trabajando toda una noche. Recuerda, somos cofrades, no nos podemos quejar, ni cachondear, ni criticar, como hacen con nosotros. Pero no porque no nos dejen, sino porque tenemos respeto hacia los demás, hacia las diferentes culturas, personas, sociedades y formas de diversión y expresión. Respetamos, cosa que con nosotros no hacen. Evidentemente no todo el mundo, pero sí una mayoría contundente.

Y es que yo me pregunto, si el mundo cofrade y todos los que formamos parte de él, tenemos respeto por todo o casi todo lo demás, ¿por qué no lo tienen con nosotros y lo nuestro?