Este señor que ven ustedes en Casa Petra, al fondo a la izquierda, es don Juan Mejías Fernández. Este señor, Juanito Mejías para los habitantes de ese microcosmos que nace en el Asilo San José, atraviesa la plaza de Santiago y la calle Ancha, desemboca en la Porvera chica y muere varias veces en Ponce, Lealas o escuelas, murió hace cosa de semana y media.

La figura sencilla, menuda, nerviosa de Juanito, su presencia gentil y servicial, nunca servil, ha muerto desde entonces muchas veces en el recuerdo de todos y cada uno de los que le conocimos y apreciamos – que viene a ser, en el caso de Juan, la misma cosa-. Ni una mala palabra escuchareis de ellos.

Sí, preguntad en el Asilo, en el kiosko de Pili en Santiago, a los niños de la taberna Petra, a Juan del Bm, a las flores de Olmedo,  a los periódicos de Paco, a las recetas de Susana… Interrogad a los fantasmas del viejo Gallo Azul, de las calles Larga y Lancería, donde, algunos días mágicos, la figura diminuta de Juanito, portando su bandeja de cafés, aun se vislumbra.

Juanito Mejías ha muerto, sí; en silencio, sí. Pero muchas veces y en muchas personas y sitios distintos, como se van estos personajes que se recuerdan con ternura, cariño y una sonrisa.

NOTA. En su barrio de Santiago, capilla de salida del Cristo de la Buena muerte, se celebra este miércoles a las 21.30 una misa en su memoria.