Al final va a resultar raro, extravagante y casi demodé la espartería de los hermanos Becerra… que llevan en la linde de las dos Porveras el mismo tiempo, casi, que la otra hermandad, la de la Victoria.

Este escribiente ha sido compañero de colegio, en esta misma calle, donde los ciegos, de Manolo y Antonio Becerra; y ya entonces su padre hacía cinturones de castidad para capillitas, estertores de sombra para bodegas y cortijos, redores de vino en rama, serones para las viñas y aromas de gañanía.

En esta fábrica de umbría que es la Porvera, los hermanos Becerra siguen, dale que dale, sobreviviendo a colmados de ocasión y todo a cien, tabernas de enterrar hombres, galerías de postín y otros emporios que van y vienen.

hermanos becerra

Como iba diciendo, pasan el oro y la plata al peso, los lenguados de la Cepa, los conserjes del Casino, la bragafaja y la “guatiné” de Mónaco, y siguen los Hermanos Becerra entre la Porvera buena y la mejor, sentados en su negocio elaborando siestas buenas de enea, rescoldos de mosto y esparto y prodigios para los riñones.

Aquí guardan todo el año sudor de incienso, de costal y al cielo con ella, paisajes de manijero…y una alfombra larga de palma y de silencio haciendo bueno el vino con siglos de sombra. También eso es Jerez.

Por eso vuelvo a decir: raros en la Porvera ya no queda ni uno… quedan dos.