“El invento catalán”

Hace treinta años el pulso nacionalista catalán caminaba por estos números: el treinta por ciento de la población se confesaba difusamente independentista y el setenta por ciento no. La cosa estaba clara.
BARCELONA, 23/02/2015 -EFE/Andreu Dalmau
BARCELONA, 23/02/2015 -EFE/Andreu Dalmau

Fue en aquel contexto, hace ya una friolera de años, cuando escribí en la prensa un diagnóstico de lo que estaba ocurriendo:

“Los nacionalistas catalanes, a diferencia de los vascos, no tienen prisa. Han diseñado un plan a largo plazo que, probablemente, surta mejores resultados que la precipitación.

El plan tiene sus ramificaciones pero, en lo fundamental, no es complejo.

El primer bastión consiste en ofrecer poder a cambio de transferencias. Los nacionalistas catalanes han proporcionado estabilidad a sucesivos gobiernos de UCD, PSOE y PP mientras obtienen transferencias en áreas de especial importancia estratégica. El señor Suárez quizás no tuvo otra alternativa política que la claudicación pero los señores González y Aznar han vendido a su madre por un plato de lentejas.

El segundo punto del plan ha sido fomentar el desencuentro. Se trata de ensanchar las fisuras entre España y Cataluña hasta hacerlas brechas insalvables. Había que generar un alejamiento entre catalanes y España pero, también y vital para ensanchar la brecha, entre los españoles y Cataluña. Una rencilla políticamente inducida.

Las transferencias cedidas en economía están sirviendo para amamantar a la oligarquía económica que sostiene el invento y a los inventores. En las calles de Barcelona se comenta esto con la naturalidad de la abnegación. Y también es útil, obvio, porque el dinero es y será la esencia del poder.

Las transferencias en educación están siendo usadas en los colegios para implantar un pensamiento único con modos fascistas; Cataluña es patria, libertad, diferencia; España es invasora, sometimiento, violación. Nada es común y todo es diferencia. Los textos de historia están siendo manipulados burdamente, inventando hasta lo hilarante, e incurriendo a menudo en las contradicciones de la mentira. Las patrañas repetidas hasta la extenuación acaban por convertirse en certeza y esos niños, en su momento, votarán odiando a España y con un puñado de mentiras incrustadas en sus entendederas. Tiempo al tiempo, no hay prisa.

Las transferencias en cultura han servido para desfigurar la esencia de la lengua. Las lenguas, que históricamente han actuado como factor de enriquecimiento y unión, están siendo usadas como estilete político de esencia secesionista. La lengua catalana, hasta hace poco de uso muy minoritario y localizado, está siendo utilizada como estilete político, como elemento separador, y no como elemento enriquecedor. Ruptura frente a convivencia y respeto.

Y todo ello sazonado por los medios oficiales y suboficiales, con distorsiones constantes y versiones absurdas de las realidades. Y quienes han disentido del método, a Canal Sur.

Este es el plan, sin prisa ni pausa, todo despacio, calculado, por goteo. Y llegará el momento que esos niños machacados se hagan hombres y voten retroalimentados por un gazpacho de mentiras y medias verdades. Será entonces, con la calculadora en la mano, cuando cambiarán las tornas”.

Esto fue publicado en la Crónica de Granada hace tantos años que no recuerdo cuantos. ¿Les suena?