Sanlúcar: tres estilos y los tres toreros a hombros

Crónica de la corrida benéfica “Capotazo al Cáncer”

  • Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Domingo, 27 de septiembre de 2015. Corrida mixta a beneficio de la Asociación Española contra el Cáncer. Buena tarde meteorológica. Media entrada, la mayor parte de ella en la en zona de sombra. Ha abierto el paseíllo una pareja de alguacilillos cosa no habitual en esta plaza.
  • Dos toros de Los Millares (lidiados en primer y cuarto lugar) y dos de Torrealta (segundo y quinto), con pesos entre 460 y 470 kilos; bien presentados los gaditanos; aplaudido en el arrastre el segundo pupilo de Borja Prado. Dos novillos de Los Millares, de 400 y poco kilos, siendo el primero aplaudido en el arrastre y el segundo, pitado.
  • Antonio José Blanco: entera, algo caída y atravesada; dos orejas. Estocada fulminante; dos orejas.
  • Antonio Caro Gil: estocada costalera y estocada entera en todo lo alto; una oreja. Dos estocadas  costaleras y una casi entera desprendida; una oreja.
  • Eloy Hilario: entera en lo alto algo tendida y descabello; dos orejas. Dos pinchazos y entera desprendida; ovación.

Entre las cuadrillas, los picadores de los animales primero, tercero y quinto fueron protestados; en banderillas destacaron Gari (de la cuadrilla de Caro) y David González (de Blanco). El mayoral de Torrealta salió a saludar.

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Había expectación por una corrida sin figuras pero con toreros que suscitan interés a la afición. Colaborar a una causa buena es motivo de alegría para todos. Sobre el papel había toreo de culto y anotamos la presencia en el tendido del ganadero Fernando Cuadri y del banderillero El Mangui, así como del alcalde sanluqueño.

Antonio José Blanco a su primero, negro no muy descarado, lo recibe de rodillas con larga cambiada y lo lleva al caballo con chicuelinas al paso; la puya es dura y las banderillas no son brillantes; tras brindis a su hermano, Antonio inicia con buena tanda por la derecha y por ella sigue, sin bajar la mano para ayudar al animal a embestir noblemente, aunque la siguiente tanda es  más esforzada terminando con un cambio de manos. El toreo por el izquierdo tiene que ser de uno en uno y hay que recurrir a los ayudados y, tras el de pecho, a un desplante, finalizando con circulares a un toro que se aquerencia en tablas. En su segundo, con poca presencia y anovillado, recibe con un lance invertido y otros deslavazados; el toro pierde las manos incluso antes de llegar al caballo, en el que la puya es breve y la pelea, insulsa; tras brindis al público, ya la primera tanda se realiza en los medios, aunque el toro se raja claramente y obliga a llevarlo muy tapado; por el pitón izquierdo otra vez se raja claramente y va aculándose en tablas; consigue llevarlo a la boca de riego para sacar embestidas a oleadas y en la siguiente tanda, por la izquierda, vuelve a rajarse; nuevamente lucha para traerlo a los medios y nuevamente el toro se va a terrenos de toriles; en tablas intenta sacar algunos lances, pegándose un arrimón, jaleado; Blanco al terminar la vuelta triunfal suelta una paloma al aire y después es homenajeado desde la grada por un mujer con un cante por bulerías.

Antonio Caro Gil, en su primero, colorado, musculado, es desarmado al recibir con un saludo anómalo; en el caballo el toro hace una pelea blandita y al salir cae; hay quite por verónicas y el toro pega un volatín que lo merma;  Caro empieza la faena directamente por el izquierdo con una tanda breve y se va a los medios para una más reposada, rematada con un pase de pecho muy elaborado; otra de uno en uno rematada con el de pecho por la derecha, con la espada montada; sigue por ésta una tanda interrumpida con alguna mirada que provoca la huida; vuelve estiloso y hace otra con la misma mano; cambia a la izquierda y empieza por ayudados; cambia luego a la derecha y luego a la izquierda, un tanto en desorden; se aleja y deja respirar al toro para acercarse con esa mano para un ayudado por alto y hasta ahí. En su segundo, negro, bien armado pero vareado, no hay nada con el capote y en varas el toro rehúye la pelea en un primer intento aunque en el segundo fue agarrado para un duro puyazo; ello se completa con un tercio de banderillas desordenado, y hasta ahí, que ahora empieza lo bueno; Caro recibe con doblones por bajo y, aunque el toro cabecea, consigue llevarlo a los medios para enjaretarle una serie ligada que provoca el entusiasmo; en la siguiente tanda el toro va permitiendo la ligazón y luego tenemos un cambio de manos como guinda; el de Las Mesas desata el entusiasmo en los tendidos toreando con la derecha, bajando mucho la mano, en series de pases lentos, desmayados, e incluso rematados con la rodilla en tierra; cuando estaba empezando a forjarse el espejismo el toro le rompe el palillo de la muleta y parece que se rompe la línea de inspiración; sin embargo continúa por el izquierdo, para finalizar con una serie de pases arrebatados que provocan una gran ovación. Locura en El Pino.

Eloy Hilario a su primero, ensabanado, alunarado, capirote y botinero que despierta la admiración del público por su capa, lo recibe de rodillas con larga y luego chicuelinas con revolera invertida; el toro en el caballo cobra una puya larga; en el quite, tafalleras rematadas igual que el saludo; banderillea el propio matador con tres buenos pares, aunque con los peones en la arena (¿dónde están los tiempos de Luis Miguel, que les mandaba meterse?). Tras brindar a los organizadores, las dos primeras tandas de muleta son con la derecha y el toro pierde las manos; con la izquierda y en el tercio, el toro va y viene sin fuerza, sin permitir ligazón y recortando el viaje; se remata con un desplante en los medios; insiste por la izquierda pero el toro se va quedando; llegan los inevitables circulares en una especie de pasatoro, con desplante; pases mirando al tendido, por el derecho, con otro circular y desplante rodilla en tierra, desarmado; serie final de tres manoletinas y el de pecho. A su segundo, colorado bociblanco y brocho, lo recibe con lances al paso hasta los medios; hay buena puya pero el novillo pega un volatín a la salida de un lance y queda tumbado totalmente en la arena; lo incorporan y  al poco vuelve a sufrir el mismo incidente; banderillea el propio matador dando espectáculo; Eloy inicia la faena en los medios y el toro necesita mucha suavidad; aquél intenta acoplarse al ritmo lento que éste pide, en un toreo básicamente por el pitón derecho; al poco, el toro va a menos, hasta convertirse en un marmolillo.

El cierre triunfal consistió en ver salir a los tres espadas a hombros por la puerta grande de la plaza de Sanlúcar, llevando el reconocimiento de haberse ofrecido para una obra benéfica y haber dado todo en el ruedo. El resultado de la tarde es motivo de alegría para los artistas que se anunciaron en tanta medida como para los beneficiados.