Envíale una postal…

Tribuna Libre de Francisco Aurelio Dávila Rosso

En estos tiempos que corren todos tenemos la oportunidad y la facilidad de comunicarnos con rapidez y en cualquier momento unos con otros.

Internet y las redes sociales nos permiten estar casi constantemente en contacto con el mundo que nos rodea. Esto ha mejorado, en gran medida, nuestra seguridad y tranquilidad; la de saber cómo están nuestros seres queridos y que éstos sepan cómo estamos nosotros.

Pero este avance tecnológico; esta nueva realidad en la que vivimos, también ha dejado sus víctimas; por ejemplo, la del envío de cartas.

Al pensar en una carta se nos viene a la mente la imagen de una paloma llevando en su pico un mensaje atado por un cordel y que tan espectacularmente llegaba a su destinatario, pero, claro, no dejamos de verlo como ficción.

Pese a ello, yo os pregunto; ¿A quién no le gustaría recibir una carta?

postal 3Hace unos días, mi mañana se intuía como el resto, con tranquilidad y sin sorpresas hasta que al despertarme me llegó el anuncio: – Te ha llegado una postal-, me dijeron. No me lo podía creer.

Es cierto que en muchas ocasiones había hablado con algunos amigos y amigas sobre lo que me gustaba la idea del intercambio de cartas y postales, por ser una práctica en desuso y por haber sido, en otro tiempo, el medio de comunicación utilizado por todos los grandes poetas y literatos que admiro; los de la generación del 27.

Hace un año, me regalaron el Epistolario Completo de Federico García Lorca; la edición de Andrew A. Anderson y Christopher Maurer de 1997 y que Ian Gibson utilizó para escribir Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca. Me quedé perplejo al comprobar la cantidad de cartas y tarjetas postales que el poeta granadino envió a sus amigos y a veces, hasta firmadas no solo por él, sino por otros muchos literatos y artistas de la época como Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Dámaso Alonso, José Bergamín, Gerardo Diego y otros.

Fue entonces cuando de verdad sentí gran interés por el intercambio de cartas y tarjetas postales; recuerdos que, se conservan durante años y forman parte de nuestros “tesoros”; una posibilidad que tenemos en España desde el siglo romántico.

postal 2Pues bien, esa mañana de hace algunos días, el anuncio de haber recibido una postal me emocionó mucho, ya que no todos los días se recibe una.

Era de una amiga; Una chica, que, por un momento sintió la necesidad de estudiar lo mismo que yo, pero a la que el instinto viajero llamaba como el Carnaval llama a los gaditanos tras las Navidades, con fuerza; con mucha fuerza.

No reproduciré lo que en la postal ponía. No porque fuese algo demasiado privado sino porque no viene al caso.

El monumento que en ella se veía era la Fontana di Trevi, en Roma, de noche y espectacularmente alumbrada por luces estratégicamente colocadas. Era preciosa. La leí varias veces hasta que la guardé celosamente en mi caja de caudales.

La conservaré siempre. Lo sé. Tengan por seguro que su remitente recibirá respuesta pronto. Ya tengo la postal que enviaré y ya tengo el sello. En este caso, el destino será Londres.

postal 1 (3)Aun no sé qué escribiré en ella, si versos, un par de frases o una cita que me guste, pero este ritual de comprar la postal, el sello y prepararlo todo para su envío me tiene muy ilusionado.

Es por todo esto que invito a todos a que probéis. Pensad en alguien a quien tengáis cariño, comprad una postal que pensáis le pueda gustar, haceos con un sello y su dirección y enviadla. No es necesario que el destinatario esté fuera de España. La ilusión de enviarla, así como la de recibirla, es la misma si estas lejos o cerca de esa persona. Haced ese pequeño homenaje a una práctica que se está perdiendo y que tanto caracterizaba a los grandes poetas de otro tiempo.

Tenemos la plaza de Toros, el antiguo y perdido Vaporcito, las numerosas bodegas de El Puerto y Jerez, la catedral de Cádiz y hasta patios andaluces cargados de flores. Cientos de paisajes que dicen mucho de nosotros mismos y que pueden transportar al destinatario, cada vez que lo vea a aquello que nosotros vemos a diario.

No os lo penséis mucho. Sale más barato que convidar a un amigo en el bar y es un recuerdo que perdurará en el tiempo. ¿Ya habéis pensado en alguien a quien le haría ilusión recibir algo vuestro? ¿Si? Pues este es el momento. Hazle saber que te acuerdas de ella y envíale una postal. Le encantará.

Una mañana de Enero,

serena como los otras,

vi llegar por el correo

noticias de un alma loca.

De Roma y con lindo sello,

como un pico de paloma,

sobre mi mano un cartero

dejó caer una joya;

De puño y letra grabada

hace que mi alma se expanda,

por palabras tan de veras,

como aquella quien las manda.

Tu postal es la primera,

y en mi letra improvisada,

quiero que recibas, niña,

mil y una veces : Gracias.

Mira mañana el correo,

que iré a verte entre las cartas.

Francisco Aurelio Dávila Rosso